26-09-2011 - Burriana, participación y paisaje

El lunes 26 de septiembre realizamos una charla en Burriana a raíz del Plan de Participación Pública del Estudio de Integración Paisajística que acompaña al Plan Especial de Protección del Conjunto Histórico de Burriana. Frente los vecinos de Burriana que se interesaron en esta materia, expusimos la evolución del Conjunto Histórico de la ciudad hasta nuestros días, e hicimos una breve reflexión sobre el paisaje del Conjunto Histórico y la participación pública que os transcribo en estas líneas.

En primer lugar, necesitamos definir el concepto "paisaje". Lo haremos a través del Convenio Europeo del Paisaje, celebrado en Florencia en octubre del año 2000. En él, tras un preámbulo en que los Estados miembros del Consejo de Europa recogen aspiraciones y objetivos que incluyen referencias al patrimonio histórico y la calidad de vida de los ciudadanos europeos, se define el paisaje, en el primer artículo, del siguiente modo:

"1.a por "paisaje" se entenderá cualquier parte del territorio tal como la percibe la población, cuyo carácter sea el resultado de la acción y la interacción de factores naturales y/o humanos,"

La primera definición que nos proporciona el Convenio del Paisaje apunta dos conceptos clave que nos interesan:

- El paisaje es el resultado de la acción de la naturaleza y de la interacción del hombre.
- El paisaje es cualquier parte del territorio tal y como la perciben los ciudadanos.

El primer enunciado indica que paisaje no es sólo la Naturaleza en su estado virgen, sino que también son los espacios donde habita y se relaciona el hombre. Por tanto, es una clara referencia al paisaje urbano, entendido como soporte interactivo de esas actividades a lo largo del tiempo, más allá del telón de fondo de nuestras actividades cotidianas.

Esta perspectiva del paisaje urbano como paisaje fundamentalmente cultural es básica para entender los retos que plantea el Convenio del Paisaje y el posterior desarrollo normativo que surge de este texto. No sería fácil explicar estos conceptos a ciudadanos norteamericanos o australianos, por ejemplo, porque su entendimiento del paisaje está directamente relacionado con la Naturaleza en su estado inalterado. Sin embargo, en Europa no disponemos de los inmensos y sobrecogedores espacios naturales que poseen otros continentes, fundamentalmente porque, o bien ya no existen o son muy reducidos, por la acción del hombre, o bien porque el hombre los ha modificado. La diferencia fundamental es que el ciudadano europeo sí es capaz de entender el concepto de paisaje en su vertiente urbana. Cada vez es más necesario ésta mejor comprensión para advertir de los peligros que supone no valorar nuestros entornos cotidianos.

Una vez planteada la problemática, la cuestión a la que nos referimos hoy es específicamente el paisaje de la ciudad histórica. Ahora que hemos puesto en valor la necesidad de entender y valorar el paisaje de nuestra ciudad, hemos de preguntarnos sobre los valores propios de una parte muy singular de ella: su centro histórico. Entender, proteger y fomentar estos valores es equivalente, no sólo a salvaguardar un legado cultural propio y único, sino que también equivale a continuarlos en el tiempo, permitiendo que evolucionen junto a la sociedad que lo habita al mismo tiempo que dota a éste de su propio carácter.

Y este aspecto es de vital importancia, porque otorga pleno sentido al concepto de paisaje urbano histórico: el paisaje de la ciudad histórica va más allá de un escenario formado por la acción del hombre a lo largo de los siglos. En realidad, el paisaje de la ciudad histórica guarda la conciencia de la sociedad que lo habita, es decir, los valores propios que han llevado a un grupo humano a configurar la ciudad de un modo concreto, y junto a esos valores, el carácter propio de sus habitantes y su manera de entender la vida, en resumen, su cosmología.

Por tanto, hemos de desechar la concepción teatral de la ciudad histórica. Ésta no puede ser sólo un escenario que imita el pasado, con unas edificaciones protegidas por su gusto o valor estético o histórico y unos viales con trazado peculiar por su carácter medieval. De ser así, sólo pueden surgir problemas que derivan de la incompatibilidad con las demandas de nuestra sociedad contemporánea, y que tienen como destino, la perdida de la función de una parte importante de la ciudad, su degradación y la sustitución indiscriminada y carente de cualquier valor que allí se produce.

Hemos de entender la ciudad histórica como algo más que sus fachadas y sus tortuosas calles, y hemos de entenderla de manera que armonicen los valores históricos propios de éste ámbito y las necesidades actuales. Más allá de las fachadas, el centro histórico tiene una parcelación muy distinta a los ensanches modernos o las urbanizaciones periféricas. También tiene una tipología edificatoria concreta, que podríamos definir como casas - con - patio, cuyo valor es plenamente actual, y que establece unas relaciones muy concretas con el entorno a través de su volumetría muy controlada y de baja densidad, o de su relación con la cota cero, la calle. Estas cuestiones singulares y propias son fundamentales para entender y distinguir la ciudad histórica del resto del conjunto de la ciudad.

En consecuencia, no podemos trasladar de ningún modo todas las exigencias de la ciudad moderna a una parte de la ciudad que se consolidó en el siglo XI. Y por tanto, hemos de discernir y valorar esas cualidades para potenciarlas y compatibilizarlas con las demandas actuales.

Precisamente es ésta la valoración que se pide en los procesos de Participación Pública. El segundo enunciado que hemos extraído del Convenio del Paisaje nos indica que,el paisaje es cualquier parte del territorio tal y como la perciben los ciudadanos. Y esa percepción de los ciudadanos justifica la necesidad de entender sus valoraciones sobre el Conjunto Histórico para determinar las cualidades que guarda la ciudad histórica. Ésta es la razón primordial para pedirles que participen, no sólo como usuarios de la ciudad, sino como ciudadanos, de este proceso en que queremos determinar una valoración real de la situación actual y sobre todo, de sus expectativas.

En Burriana, a 26 de septiembre de 2011

José Juan Oliva Martí.
Opta Arquitectura y Urbanismo.